Maldito amor, que siempre tienes las respuestas al dolor del corazón.
¡Cómo quisiera nunca haberte conocido! Nunca haber llorado en seco por tu ausencia en mi alma. Ausencia que me tiene en abstinencia, como el desertor de una adicción. Desertor de amor soy yo.
Soñar contigo me tortura al despertar; la distancia nos ha de engañar, y el tiempo nos hará olvidar. Aborrecer algo que salí a buscar, como el aventurero que queda atrapado en un engaño mortal. He vuelto a recordar la idea macabra de la soledad que nos acoge, sin importar nuestra historia ni nuestro final.
Morir de amor en primavera, revivir del miedo en verano, caer en la desesperación en otoño y quedar en soledad en invierno. Qué macabra fortuna espera a aquel que se ha perdido en un sueño nuevo fallido.
Luz de la noche con viento susurrante de angustia... Me retiro sin dejar huellas, me retiro hasta un nuevo respiro.
Coladera es mi cuerpo, que deja ver la mentira; mentira que me quiero hacer creer, y la persistencia de no quererte dejar. La fortuna es umbral del poeta cuando a su inspiración quiere volver.
Pronunciar tu nombre, sentir tu latido, tocar tu mano... Oh musa, mi partida no será un adiós: será un «He regresado a los comienzos de mí».
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