No es raro que la gente olvide preguntar y decir algunas cosas que valen la pena, aunque creamos que no. Tal vez porque no conocemos la pregunta o la frase; sin embargo, son cosas que quisiéramos que nos dijeran, aunque no sepamos que así lo deseamos.
«¿Cómo estás?» y no «Cuéntame, ¿cómo te sientes hoy?».
«¿Qué te gusta hacer?» y no «¿Has hecho esto?» —«No»—, «¿Te gustaría intentarlo?».
«¿Te veo raro hoy?» y no «¿Por qué estás triste o qué tienes?».
«¿Por qué eres tan…?» y no «¿Qué te ha hecho tan…?».
«¿Por qué estás triste?» y no «¿Cómo puedo hacerte sentir mejor?» o «¿Cómo puedo hacer que sonrías hoy?».
«¿Por qué no viniste con nosotros?» y no «¡Quiero que a la próxima vengas con nosotros!».
«¡Deja de equivocarte!» y no «¿Qué estás haciendo que hace que te equivoques?».
«¿Por qué me pasa esto a mí?» y no «¿Qué sucedió para que esto pasara?».
«¿Por qué siento que debí preguntarle esto a mi…?» y no «¡Tengo que preguntarle a mi…!».
«¡Esto me hace recordar a alguien!» y no «¡Tengo que llamar a…!» o «¡Tengo que buscar a…!».
«¿Por qué siento esto ahora?» y no «¿Qué estoy sintiendo?».
«¿Por qué no me di cuenta de que estabas sufriendo?» y no «¡Te fallé! No me di cuenta de que sufrías; ahora haré lo que esté a mi alcance para ayudarte».
«¿Por qué se aleja y se enoja?» y no «Sé que algo te sucede, y no me iré de aquí hasta que me cuentes».
«¡No sé qué ha sido de él/ella!» y no «¿Por qué no me he interesado en buscarle?».
Así como las anteriores, hay muchas preguntas que nunca hicimos, muchos vacíos que dejamos, muchas respuestas perdidas y verdades lastimadas.
0 comments:
Publicar un comentario