viernes, 6 de julio de 2012

Haz la pregunta correcta y yo te contestaré con el testimonio de mi agonía.

No es raro que la gente olvide preguntar y decir algunas cosas que valen la pena, aunque creamos que no. Tal vez porque no conocemos la pregunta o la frase; sin embargo, son cosas que quisiéramos que nos dijeran, aunque no sepamos que así lo deseamos.


«¿Cómo estás?» y no «Cuéntame, ¿cómo te sientes hoy?».

«¿Qué te gusta hacer?» y no «¿Has hecho esto?» —«No»—, «¿Te gustaría intentarlo?».

«¿Te veo raro hoy?» y no «¿Por qué estás triste o qué tienes?».

«¿Por qué eres tan…?» y no «¿Qué te ha hecho tan…?».

«¿Por qué estás triste?» y no «¿Cómo puedo hacerte sentir mejor?» o «¿Cómo puedo hacer que sonrías hoy?».

«¿Por qué no viniste con nosotros?» y no «¡Quiero que a la próxima vengas con nosotros!».

«¡Deja de equivocarte!» y no «¿Qué estás haciendo que hace que te equivoques?».

«¿Por qué me pasa esto a mí?» y no «¿Qué sucedió para que esto pasara?».

«¿Por qué siento que debí preguntarle esto a mi…?» y no «¡Tengo que preguntarle a mi…!».

«¡Esto me hace recordar a alguien!» y no «¡Tengo que llamar a…!» o «¡Tengo que buscar a…!».

«¿Por qué siento esto ahora?» y no «¿Qué estoy sintiendo?».

«¿Por qué no me di cuenta de que estabas sufriendo?» y no «¡Te fallé! No me di cuenta de que sufrías; ahora haré lo que esté a mi alcance para ayudarte».

«¿Por qué se aleja y se enoja?» y no «Sé que algo te sucede, y no me iré de aquí hasta que me cuentes».

«¡No sé qué ha sido de él/ella!» y no «¿Por qué no me he interesado en buscarle?».


Así como las anteriores, hay muchas preguntas que nunca hicimos, muchos vacíos que dejamos, muchas respuestas perdidas y verdades lastimadas.

0 comments:

Publicar un comentario