Es difícil creer en algo que no se conoce; es difícil darse cuenta de cuánto se extraña si antes no has extrañado. Es difícil corregir el pasado e imposible cambiarlo; es difícil arrancar el miedo del corazón y sustituirlo por algo mejor. Es imposible no sentirse mal cuando realmente comprendes que te equivocaste, y aún más imposible dejar de pensarlo.
¿Te invitamos a transformar el mundo participando en la campaña
"3001 𝙑𝙤𝙘𝙚𝙨 𝘼𝙧𝙩í𝙨𝙩𝙞𝙘𝙖𝙨 𝙥𝙤𝙧 𝙡𝙖 𝙏𝙧𝙖𝙣𝙨𝙛𝙤𝙧𝙢𝙖𝙘𝙞ó𝙣 𝙎𝙤𝙘𝙞𝙖𝙡"
¿Iniciativa: Camellón verde y salvaje, edición 2026
Te invito a conocer como vontribuir en la colonia
miércoles, 12 de septiembre de 2012
No seas ingenuo; interésate por los demás...
No seas ingenuo; interésate por los demás para que se interesen por ti.
No seas tan testarudo y pide ayuda a otros, aunque no la necesites.
Perdona; no seas rencoroso, porque eso solo daña a uno, mientras que el otro ya perdonó.
No te crees falsos enemigos; mejor combate a los reales.
Sonríe, y si no lo logras, pide un abrazo: eso siempre hace sentirse mejor.
martes, 17 de julio de 2012
Testimonio: océano de olvido
Desde el abismo de mi alma, donde la luz es tan brillante que confunde a las sombras y borra las memorias de todo aquel que intenta entrar para desentrañar los misterios que encierra.
Me ha borrado los recuerdos, me ha borrado el pasado, me ha borrado los sueños, me ha hecho olvidar quién soy. Un torpe error de principiante me hizo descuidarme; debí arrancarme los ojos antes de olvidar quién era.
Perdido por el mundo, admirando como la primera vez que lo vi, di el primer paso para salir. Sentí al salir la brisa helada y reconfortante de la mañana sobre mi pequeño cuerpo sin recuerdos.
Ahora estoy creciendo y formando nuevos sueños; ahora estoy sonriendo y cantando nuevas letras; ahora estoy enamorado y gustoso de ver el resultado.
A tu lado, andante y poderoso como guerrero victorioso, convirtiéndote tú en mi todo. Complementas lo que le falta a mi ser; esas sombras que había se desvanecen cada día, dejando un nuevo recuerdo por el cual luchar otro día más.
Los años han pasado y el cuerpo nos está fallando. Nos desplomamos cada uno, nos despedimos de este mundo. Creo recordar esa luz, creo ir olvidando mi pasado.
Es por eso que tememos a la muerte. Es por eso que luchamos para...
sábado, 14 de julio de 2012
Maldito amor, que siempre tienes las respuestas al dolor del corazón
Maldito amor, que siempre tienes las respuestas al dolor del corazón.
¡Cómo quisiera nunca haberte conocido! Nunca haber llorado en seco por tu ausencia en mi alma. Ausencia que me tiene en abstinencia, como el desertor de una adicción. Desertor de amor soy yo.
Soñar contigo me tortura al despertar; la distancia nos ha de engañar, y el tiempo nos hará olvidar. Aborrecer algo que salí a buscar, como el aventurero que queda atrapado en un engaño mortal. He vuelto a recordar la idea macabra de la soledad que nos acoge, sin importar nuestra historia ni nuestro final.
Morir de amor en primavera, revivir del miedo en verano, caer en la desesperación en otoño y quedar en soledad en invierno. Qué macabra fortuna espera a aquel que se ha perdido en un sueño nuevo fallido.
Luz de la noche con viento susurrante de angustia... Me retiro sin dejar huellas, me retiro hasta un nuevo respiro.
Coladera es mi cuerpo, que deja ver la mentira; mentira que me quiero hacer creer, y la persistencia de no quererte dejar. La fortuna es umbral del poeta cuando a su inspiración quiere volver.
Pronunciar tu nombre, sentir tu latido, tocar tu mano... Oh musa, mi partida no será un adiós: será un «He regresado a los comienzos de mí».
domingo, 8 de julio de 2012
La bella, la bruja y el loco
Un día, el idiota más grande del mundo hizo algo que nadie más: se enamoró. Al desconocer lo que sentía, empezó a enloquecer. Miraba a la persona que amaba a la distancia sin poder acercarse a ella, sin poder tocarla, sin poder olerla, sin poder abrazarla, sin sentir su calor, sin poder besarla y sin poder amarla. Fue tanta su desesperación que fue descubierto por alguien más viejo que él, quien lo interrogó y se dio cuenta de que estaba loco de amor.
El otro hombre lo aconsejó, pero solo lo confundió más. Confundido, se acercó a la persona de quien se había enamorado. Ella era hermosa; aunque sencilla, tenía un carisma muy peculiar. Bondadosa y alegre, se pasaba los días trabajando y soñando, ayudando al necesitado y a uno que otro animalito abandonado. Todo eso había seducido a nuestro idiota, quien en alguna época fue alguien más, alguien a quien no se le hubiera podido llamar idiota.
Cuando él se acercó a la hermosa chica, ella le entregó su amistad, y él, de buena fe, la aceptó. Su locura se contuvo durante unos días; sin embargo, cada cosa que la bella chica hacía lo conmovía más y más, transformándolo en alguien que pocos conocían, y los que lo conocieron ya no estaban para contar sus hazañas.
Nuestro idiota vivió en el olvido durante varios años, ocultando su presencia, ocultando su tristeza, incluso de sí mismo. Un poco de bondad lo había enloquecido, y ahora lo estaba curando.
Él prestaba atención a cada palabra, a cada gesto, a cada canción que provenía de la hermosa chica, y, aunque inteligente, no comprendía lo que ella decía. Un día, desesperado por aprender y entender sus palabras, salió de la ciudad a buscar comprensión. Lo que encontró fueron recuerdos de sí mismo, y la locura lo invadió de nuevo, con una diferencia: ahora sabía lo que quería y lo que sentía.
Durante algunos días, vagó entre sus recuerdos, entre sus sueños olvidados. Una canción eterna, en lo más profundo de su alma, volvía a escucharse, y él empezó a cantarla. Decidió volver junto a la hermosa chica que amaba para mostrarle que ahora la entendía y que también la amaba.
Al regresar, no la encontró. La buscó durante días, y cuando al fin la vio, notó un brillo distinto en sus ojos, y por ello no tuvo el valor para confesarse. Los días pasaban, y no encontraba el momento de expresar sus verdaderas intenciones. Así transcurrió el tiempo, hasta que un día su locura se desbordó y decidió huir para no dañar el corazón de tan hermosa mujer.
Pasó días encerrado, aislado del mundo, aprendiendo a dominar su locura... o al menos creyó dominarla. Salió a buscarla una vez más. Cuando la encontró, otra vez le faltó la fuerza, el valor para ser sincero y decirle cuánto la amaba. También sabía que debía contarle todo, y quizás eso era lo que más lo paralizaba en cada intento.
Tuvo tantos intentos fallidos que sintió la muerte en su interior. Desesperado, buscó ayuda en cada persona que encontraba, y pasaba menos tiempo con la hermosa chica que amaba.
Fue entonces cuando recibió noticias de una vieja amiga: una bruja que, después de haberse ocultado durante largo tiempo, volvía a aparecer a la luz del día. Era una bruja de gran poder; a su voluntad, podía hacer que uno se retorciera de dolor sin siquiera tocarlo. Ella había sido compañera de nuestro hombre durante los entrenamientos de su juventud. Incluso le había enseñado a usar ese poder, un arma de doble filo.
Por un lado, ese poder le permitía defenderse y atacar simultáneamente a cualquiera que no lo comprendiera ni supiera desviarlo. Parecía el arma perfecta: rápida, invisible y eterna. Por otro lado, contaminaba el espíritu, enfermándolo con penas, ahogándolo en tristeza, cargando el dolor ajeno y condenándolo a una muerte sin amor.
El espíritu de su vieja amiga bruja había sido contaminado por el uso de ese poder y por este mismo nuestro idiota la encontró, al sentir su dolor.
(inconcluso)
viernes, 6 de julio de 2012
Haz la pregunta correcta y yo te contestaré con el testimonio de mi agonía.
No es raro que la gente olvide preguntar y decir algunas cosas que valen la pena, aunque creamos que no. Tal vez porque no conocemos la pregunta o la frase; sin embargo, son cosas que quisiéramos que nos dijeran, aunque no sepamos que así lo deseamos.
«¿Cómo estás?» y no «Cuéntame, ¿cómo te sientes hoy?».
«¿Qué te gusta hacer?» y no «¿Has hecho esto?» —«No»—, «¿Te gustaría intentarlo?».
«¿Te veo raro hoy?» y no «¿Por qué estás triste o qué tienes?».
«¿Por qué eres tan…?» y no «¿Qué te ha hecho tan…?».
«¿Por qué estás triste?» y no «¿Cómo puedo hacerte sentir mejor?» o «¿Cómo puedo hacer que sonrías hoy?».
«¿Por qué no viniste con nosotros?» y no «¡Quiero que a la próxima vengas con nosotros!».
«¡Deja de equivocarte!» y no «¿Qué estás haciendo que hace que te equivoques?».
«¿Por qué me pasa esto a mí?» y no «¿Qué sucedió para que esto pasara?».
«¿Por qué siento que debí preguntarle esto a mi…?» y no «¡Tengo que preguntarle a mi…!».
«¡Esto me hace recordar a alguien!» y no «¡Tengo que llamar a…!» o «¡Tengo que buscar a…!».
«¿Por qué siento esto ahora?» y no «¿Qué estoy sintiendo?».
«¿Por qué no me di cuenta de que estabas sufriendo?» y no «¡Te fallé! No me di cuenta de que sufrías; ahora haré lo que esté a mi alcance para ayudarte».
«¿Por qué se aleja y se enoja?» y no «Sé que algo te sucede, y no me iré de aquí hasta que me cuentes».
«¡No sé qué ha sido de él/ella!» y no «¿Por qué no me he interesado en buscarle?».
Así como las anteriores, hay muchas preguntas que nunca hicimos, muchos vacíos que dejamos, muchas respuestas perdidas y verdades lastimadas.